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Asesinato tremendista en casa de los Duarte

  Había llegado la ocasión, la ocasión que tanto tiempo había estado esperando. Había que hacer de tripas corazón, acabar pronto, lo más pronto posible. La noche es corta y en la noche tenía que haber pasado ya todo y tenía que sorprenderme la amanecida a muchas leguas del pueblo.

(...)

  Pensé en cerrar los ojos y herir. No podía ser; herir a ciegas es como no herir, es exponerse a herir en el vacío...Había que herir con los ojos bien abiertos, con los cinco sentidos puestos en el golpe. Había que conservar la serenidad, que recobrar la serenidad que parecía ya como si estuviera empezando a perder ante la vista del cuerpo de mi madre.

(...)

  Fue el momento mismo en el que pude clavarle la hoja en la garganta...

  La sangre corría como desbocada y me golpeó en la cara. Estaba caliente como un vientre y sabía lo mismo que la sangre de los corderos.

  La solté y salí huyendo. Choqué con mi mujer a la salida; se le apagó el candil. Cogí el campo y corrí, corrí sin descanso durante horas enteras. El campo estaba fresco y una sensación como de alivio me recorrio las venas.

  Podía respirar...

Extraído de La familia de Pascual Duarte, de Mariano José Cela

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1 comentario

Juanmy -

gran libro, sí señor. creo que al final no la mató, no?
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